PRÓLOGO

“Pensar”, a veces, puede no ser positivo, sino peligroso, si se piensa demasiado en algo, en una idea, dándole vueltas y más vueltas, y de manera reiterada se fija en la mente, hasta convertirse en una obsesión, como un fantasma que se ha apoderado de ella. Eso suele suceder cuando alguien es víctima de una situación opresiva, que le mina su confianza y autoestima, y se ve incapaz de salir de ella. Pero “pensar” relajadamente, como si fuera un paseo mental por lo que nos gusta o por lo que nos preocupa, es una actividad humana enriquecedora, que nos lleva a situarnos con equilibrio en el devenir de nuestra vida diaria. Y eso es lo que pretenden los 21 cuentos de Ángela Romero.

Como pintora que es, a Ángela le bastan unas pinceladas para mostrarnos la situación, la preocupación o el conflicto que late en una circunstancia, ya sea el ajetreo y las prisas de la vida moderna, el miedo a los cambios en la vida personal, la adolescencia y el nacimiento del amor, las decepciones en el amor, la soledad, la nostalgia por la lejanía de los suyos, las diferentes formas de incomprensión por ser diferentes, la situación de las niñas y de las mujeres en el aspecto cultural y profesional, la sequía que asola un pueblo, etc. etc. La larga experiencia profesional de la autora como enfermera en la Sanidad Pública le han hecho sensible a las necesidades ajenas, y le han estimulado a plantear el problema en forma narrativa, con el deseo de encontrar vías de solución.

El libro, escrito con estilo ágil y preciso, tiene una lectura fácil y agradable. Y aunque los temas de los cuentos son muy diferentes unos de otros, en el fondo, todos tienen en común el deseo de hacer un cambio en la circunstancia no deseada, y creo que Ángela Romero lo consigue plenamente. Y para ello, se pone en juego -entre otros recursos- el poder de la mente, como factor decisivo para salir de la situación negativa, agobiante y opresiva, y recuperar la confianza y la seguridad en uno mismo. Sin olvidar el alivio y el remedio que el contacto con los animales y la naturaleza pueden proporcionar a una persona enferma o angustiada.

Se pone en práctica, de esta forma, la teoría de Ortega y Gasset sobre las circunstancias, o mejor, sobre la circunstancia, en singular, como le gustaba al filósofo; porque, según él, una circunstancia no es solo lo que nos rodea como aspecto ambiental o como coartada de nuestra conducta; no, para Ortega y Gasset, la circunstancia es la situación que está frente a nosotros y en la que nosotros estamos inmersos; circunstancia -digo- que está pidiendo una solución. Por eso, resumía Ortega su idea de esta manera: “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salva a ella, no me salvo yo”.

¿Y qué es salvar la circunstancia? Es encararse con ella con decisión, racionalizando los aspectos que la caracterizan, para encontrar solución, restablecer el equilibrio en la vida que nos rodea y en lo que nos afecta de forma personal, y “ese cambio de actitud -dice Ángela- hará que nos sintamos bien con nosotros mismos y podamos seguir el ritmo que nosotros marquemos, escuchando nuestro interior”. Y entonces, todo aquello que nos parecía insuperable se transforma en algo positivo que nos hace más fuertes, como en el caso del amante que renuncia al amor furtivo para elegir libremente su destino;  o nos vuelve más generosos, como a Rosa Fuentes; onos proporciona madurez, al saber aceptar los cambios  imprevistos que consideramos negativos; o nos hace crecer, al buscar en la diferencia rechazada la utilidad y mejora de las cualidades propias.

Creo que los 21 cuentos para pensar, de Ángela Romero, son una buena contribución al desarrollo personal.

Salvador Carracedo Dapena,
ESCRITOR