Pasados dos meses, Urania volvió por la asociación. Cuando Luis la vio se acercó a ella y le dijo:
—¿Qué te ha pasado? Hace muchos días que no te veía.
Ella se sorprendió al notar cierta preocupación en sus palabras y, aunque no le dio importancia, pensó que Luis parecía tener presente el tiempo que ella había estado ausente. Ya en el restaurante, Luis procuró sentarse frente a ella. Mientras el resto hablaba, entre otros temas, sobre la charla, Luis encontró un momento de intimidad para conversar con ella e insistió en preguntarle:
—¿Qué es lo que te ha pasado para dejar de venir a las reuniones?
Urania vio que sus ojos brillaban demasiado y se sintió inquieta porque su mirada se quedó fija en ella, sin parpadear. Bajó la cabeza unos instantes para tomar un respiro después de la observación profunda que le hizo y sintió desasosiego cuando intuyó que le podrían salir lágrimas de los ojos. Comenzó a mirar discretamente hacia los lados para ver que el resto del grupo no estaba pendiente de ellos.
Dos semanas después volvieron a encontrarse en el coloquio. Urania intuyó que el problema persistía cuando le miró a los ojos. Él no podía reprimir sus sentimientos, sus gestos hablaban de emoción y amor. Ella no sabía lo que él pensaba y no se atrevía a preguntarle. Era tímida y poco atrevida en temas amorosos y él, a su vez, era retraído y no le transmitía lo que tanto deseaba pero, por su actitud, intuía que la amaba. Sin pensarlo, comenzaron a salirle palabras espontáneas:
—Luis ¿te pasa algo en los ojos?
—No, ¿por qué?
—Porque te los veo muy húmedos y estás un poco rojo. Y veo que ahora la intensidad de la rojez está aumentando.
—¿De verdad?
—Sí, ¡claro!
—Discúlpame, voy al baño.
Había pasado un rato y en ese espacio de tiempo habían desaparecido todos los del grupo en dirección al restaurante. Cuando llegó no sabía qué decir.
—Luis, ¿cómo te encuentras?
—No sé, me siento raro.
—¿Raro? ¿Y puedo saber por qué?
—No sé qué me pasa últimamente con las emociones. Quiero estar solo y estoy muy sensible. Sin embargo nadie se ha dado cuenta, excepto tú y me pregunto por qué.
—Y, ¿eso te preocupa? ¿Por qué? A veces las personas no pueden adivinar lo que nos pasa… Si tú quieres que alguien se entere quizá deberías decirlo… Creo que a veces nosotros mismos nos complicamos la vida… Bloqueamos a veces el comunicar lo que queremos o deseamos y nos perjudicamos. A veces las personas sensitivas lo intuyen pero si tú te cierras a la comunicación…
—Creo que tienes razón. Me cuesta mucho transmitir mis sentimientos. Necesito que me den un empujón y entonces tal vez arranco pero...siempre me queda algo dentro.
—Es una pena, de verdad. Yo en tu lugar intentaría trabajar las emociones. A veces, a mí también me pasa; estamos días obsesionados con alguna cosa y le damos tanta importancia que nos domina. Sin embargo, si nos atreviésemos a soltarlo, veríamos que no es tan grave y que hemos perdido días pensando cómo decirlo.
—Sí, es posible.
Urania, debido a todo lo que le estaba sucediendo, se emocionó y a partir de ese día algo brotó dentro de ella. Cuando terminó el evento de ese día, le pidió un beso de despedida y su número de teléfono. Los ojos de ambos conectaron en dimensiones desconocidas. Era una energía tan fuerte que no había barreras que pudiese detenerla. Pero solo fue cuestión de segundos porque enseguida aparecieron los fantasmas cotidianos del día a día y, como siempre, todo quedó en un ¡hasta la próxima!
Era domingo y Urania paseaba bajo un sol radiante. De vez en cuando pensaba qué pasaría en su próximo encuentro con Luis. El sonido del móvil la sacó de su ensueño.
—Sí, ¿quién es?
—Hola, soy Luis.
—Hola Luis, ¿qué tal?, te oigo muy mal. ¿Dónde estás?
—Estoy en la montaña, apoyado en un árbol.
—No te oigo bien.
—Ya lo sé –dijo él.
—¿Qué? No te oigo.
Dejó de oír su voz. Parecía que se lo había tragado la tierra. Solamente se oía el silbido de un viento entrecortado con un sonido que estremecía.
Pasaron varios días y no recibió noticias pero, además, dejó de interesarle el ir a las reuniones y pensó que su tiempo allí había terminado.
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El no tomar decisiones cuando se presenta algo importante nos pueden bloquear otras oportunidades… ¿Crees que el miedo al cambio nos puede inmovilizar la vida?

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