Durante la noche

No puedo dormir esta noche. Quizás sea la claridad de la luna, es demasiado brillante. Parece que sea de día.

Me pondré la bata y las zapatillas y saldré al jardín. ¡Qué bien huelen los olivos y la hierba! Es la estación. Me acercaré hasta la verja. ¡Qué luna tan preciosa reflejada en el agua del lago donde los cisnes están todavía! Quizá tampoco puedan dormir… ¡Qué bonitos son! ¡Qué elegancia tienen cuando están sobre el agua! Es un momento mágico que me hace sentir en armonía con el entorno.

Susan cree que está sola disfrutando del paisaje, pero tiene un vecino que se llama Frank, que vive en la casa colindante y que la está observando. Está cerca de ella, no la pierde de vista, pero ella no se ha dado cuenta.

—¡¿Susan…?!

Susan al ver su semblante se asusta. Ella aprecia un tono verdoso en su cara, la cabellera rara, como si lo hubiese azotado un huracán. Calza en un pie un zapato y en el otro una bota con un agujero en la parte delantera que muestra dos dedos del pie derecho.

—Frank, ¿qué pasa? Me has asustado. ¿Qué haces aquí levantado a estas horas?

—¿Y tú?

—Yo… no podía dormir y he salido a ver la luna.

—Yo, al igual que tú, tampoco podía dormir.

—Me has asustado. Nunca te había visto así, o acaso ¿te has disfrazado para asustar a la luna?… Con esa pinta que tienes… ¿Qué me dices?…

¿Me lo puedes explicar?

—Sí, Susan, te lo puedo explicar. Es una cosa muy delicada… y necesito que me creas y no se lo digas a nadie. Si quieres lo puedes comprobar por ti misma.

—Te escucho. Cuando quieras puedes empezar. Estoy preparada.

—Pues… tengo que salir a estas horas todas las noches. Es necesario para mí.

—Necesario para ti. Y ¿por qué?

—Verás… cuando Paul, tu marido, y yo trabajábamos juntos en el laboratorio que está en el sótano de mi casa… ¿Sabes que Paul también necesita salir por la noche?, sobre todo cuando…

—¿Paul…? No. No lo sabía. No le he visto salir nunca.

—Él sale a escondidas porque no quiere que lo sepas. A mí me dejó de hablar después de aquello.

—Pero…¿qué me estás contando? No quiero escucharte ni un minuto más
.
—Pensaba que querías saberlo.

Susan tenía la cara desencajada. Se podía apreciar cómo la yugular había aumentado su grosor y tenía los puños apretados como si quisiera darle a Frank un empujón para que desapareciera de su vida.

—Susan, relájate. Yo no quiero hacerte daño, simplemente te estoy explicando lo que nos pasó. Si me lo permites quiero mostrarte algo que nos sucede tanto a Paul como a mí. Aunque no lo hayas visto nunca, él te lo esconde.

—Me das miedo, Frank, mucho miedo.

—Tranquilízate, no pasa nada. Ven, te enseñaré algo. Mira, aquí, detrás de la puerta, hay un laboratorio donde tu marido y yo hemos estado investigando con células embrionarias. Un día, un ruido extraño nos asustó y se nos volcó líquido del experimento…, nos salpicó por todo el cuerpo, incluidas las fosas nasales y los labios. Tuvo un efecto inmediato y todavía no hemos descubierto el antídoto. Paul se enfadó y no quiso saber nada más. Y, como resultado del accidente, cuando desaparece el sol se produce en nosotros una mutación, de modo que por la noche, si no nos tomamos un neutralizante, nos convertimos en otra criatura. ¿Ves que aspecto tiene la pócima? Repugna el olor. Me resulta nauseabunda. Deseo que a Paul se le pase el enfado y volvamos a trabajar juntos para conseguir el antídoto que nos permita salir de esta pesadilla. Anna, mi esposa, lo descubrió. Me sorprendió una noche en plena mutación. No fue capaz de soportarlo, se asustó y salió corriendo, abandonándome. Ya sé que es difícil de entender lo de la mutación pero por la noche nuestros cuerpos no reciben la energía del sol y algunas células se alteran… Hay que hacer muchos experimentos hasta que todo encaje.

—Frank, me cuesta creer esta historia fantástica.

—¿Por qué?

—Si es verdad, ¿por qué no habéis ido a la universidad y se lo habéis explicado a los profesores para que os ayuden a resolver el problema?

—Entiendo que pienses así pero, detrás de todo lo que se dice hay algo más.

—¿Algo más? ¿Como qué? Dime algo que sea creíble porque de lo contrario…

—Hay muchos intereses creados y no quieren que se curen algunas de las enfermedades que existen. Por otra parte, si lo hacemos en la universidad, sería como ellos quisiesen. Eso quiere decir que la fórmula sería alterada y una vez terminado el proyecto, ya sabes… Nosotros quizá no saldríamos ni en el boletín como trabajadores en la investigación. No les podemos pasar todo el trabajo que hemos realizado por nuestra cuenta durante tanto tiempo, es algo… fantástico para nosotros, es algo… que, cuando terminemos de resolverlo, ayudará a la humanidad porque muchas de las enfermedades que hoy existen se curarán. Espero que tu marido decida pronto volver a retomar el trabajo. Está muy enfadado conmigo porque cree que yo tuve la culpa, pero se equivoca.

Susan estaba, a la vez que impresionada, muy molesta de que pronunciase el nombre de su marido. No creyó la historia de su vecino y se fue a casa. Entró en la habitación y se acercó a Paul que dormía. Roncaba de un modo extraño y su piel parecía rugosa. No le despertó. Pensaba que eran alucinaciones de Frank y decidió acostarse tapándose bien la cabeza.

—Me siento inquieta aquí, bajo las sábanas. ¿Y si…lo que me ha dicho Frank, es verdad…? No sé qué hacer. Pondré el despertador para que suene dentro de una hora y veré cómo está Paul —pensó.
Eran las diez del día siguiente cuando se despertó. Paul preparaba un trabajo para dar su clase en la universidad. Ella se acercó y le dijo:

—Estoy aturdida, cansada del sueño que he tenido. ¡Menos mal que ha sido un sueño! Paul, cariño, ¿has desayunado?

—No tengo hambre, sabes que nunca desayuno. La primera comida que hago es la del mediodía y la segunda durante…

Susan se quedó mirándolo fijamente, sin poder articular palabra, después de lo que acababa de oír.

—Susan, ¿te pasa algo…? —dijo Paul.


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