El pastor

Mañana tengo que cambiar de ruta con las ovejas, los pastos cerca del río están casi agotados, sin embargo, los del Valle Dorado, según dicen, están mejor. Me estoy resistiendo porque ¡hay que ver lo que les gusta a mis ovejas la ruta del río! Se sienten más seguras y cuando beben no les da miedo acercarse al agua porque conocen hasta las piedras que hay en él. Seguramente me encontraré con Eustaquio. Hace algún tiempo que no sé nada de él, y almorzaremos juntos.  Está buena la cena que me ha preparado mi mujer esta noche. Le explicaré que mañana seguiré un trazado diferente, aunque a ella le da igual; ahora está dormida y no le gusta que la despierte, pero no hay más remedio. La “Chiquita” está a punto de parir; le diré a Juana que la dejo con la “Morena” y su cría para que les dé comida y bebida fresca.

Bueno… ¡Sí que hace fresco esta mañana! La niebla está muy espesa, quizás no levantará hasta media mañana. A los animales les gustar salir cuando hace sol; por eso las ovejas están tan perezosas, así que saldré más tarde. Los perros están escondidos por el frío. Menos mal que me he puesto el tapabocas para venir al corral, la brisa corta. Antes de salir, curaré la herida de “Blanquita” y la dejaré con la “Chiquita” y la “Morena”.


Este año va ser bueno, casi todas las ovejas están embarazadas, y las machorras dan buena lana. Tendré que avisar a los esquiladores de que esta temporada tendrán que estar una semana completa. Estoy contento de cómo va creciendo el rebaño, buscaré un pastor para que me ayude porque a la juventud de hoy día no le interesa mucho este trabajo. Se quieren ir todos a la ciudad, dicen que allí se ilustran, no saben que con las ovejas también se aprende ¡y mucho! Ellas hablan. No me quiero ni acordar del día en que se puso mala la “Galana” y estuvo a punto de morir.¡Cuánto lloré!, no lo sabe nadie. Tras irse el veterinario, con su mirada me hablaba, me decía que no la dejara. Por eso se salvó, estuve un día entero sin separarme de ella, le cogí la patita y ella me lo agradecía. ¡Qué noche!

 A ver estos hijos míos qué estudios harán allá en la ciudad; yo veo a la muchacha con más interés por el ganado que al chico; un día me dijo que quería ser veterinaria. Pero no sé si lo dijo porque le gustaba el hijo del  albéitar que apareció un día con su padre a vacunar los borregos. Ahora que el rebaño se ha incrementado, estaría más contento si mi hijo siguiese el oficio y se dejase de tanto ir a la ciudad. Cuando regrese le preguntaré qué piensa hacer en la vida. Aunque creo que será mejor decírselo a los dos juntos. Si advierte que su hermana tiene interés, posiblemente él también se anime.

Ya es hora de salir. Las ovejas todavía están perezosas, quizá intuyan que hoy cambiamos de ruta.

Escribe tus ideas.
¿Dedicamos tiempo a pensar en lo que tenemos? ¿Crees que el pastor con sus planteamientos podría motivar a sus hijos para que valoren lo que tienen?


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