Hubo un año de sequía en aquel lugar. A Rosa no le afectaba porque tenía en su patio un gran pozo y el agua era exquisita. Aun así a ella le preocupaba el problema que tenían sus vecinos, tanto para sus necesidades básicas como para la de los animales y los huertos en los que crecían las hermosas verduras con las que se alimentaban. Después de reflexionar durante varios días, inquieta por la situación, pensó qué podía hacer. Las personas tenían sed y ella no podía tener tanta agua y no compartirla. Caviló día tras día y llegó a la conclusión de que tenía que hacer una fuente para sacar el agua del pozo y así podría ofrecérsela al pueblo.
Al día siguiente salió muy temprano de su casa para hablar con el alcalde. Cuando llegó, la puerta todavía estaba cerrada pero ella tenía tantas ganas de compartir su deseo que no pudo contener su impaciencia y llamó: “pon, pon, pon”. El pórtico era de hierro macizo y en el centro sobresalía la cabeza de un león con la que se daban los toques en el portón. El sonido al llamar se esparció hasta el último rincón de la vivienda. A los pocos minutos apareció una doncella asustada.
—Rosa, ¿qué pasa?
—Nada grave, Micaela. He de hablar con el señor alcalde urgentemente.
—Pero todavía está en la cama.
—No importa, esperaré a que se levante.
—Bien, como quieras. Pasa y siéntate.
Pasada una hora, el alcalde se dirigió a la sala de espera preguntándose a qué se debía la misteriosa visita de Rosa.
—Buenos días, Rosa.
—Buenos días, señor. Ya sé que es temprano para que usted se levante de la cama. Quizá le he despertado pero tengo que hacerle una petición. Es algo que para mí es muy importante.
—Dime, Rosa.
—Quisiera hacer una fuente al lado de mi casa y abastecer a todo el pueblo de agua. A mí me sobra y deseo compartirla con las personas que la precisan.
—Es una buena idea pero eso no se hace en un día. Hay que buscar trabajadores, permisos y hacer otras muchas gestiones para comenzar la obra.
—Ya sé que no se hace en un día pero sí en una semana.
—¿En una semana? Ja, ja, ja. ¡Imposible!
—¿Imposible? ¿Por qué?
—Hay que solicitarlo y hacer trámites…
—¿A qué trámites se refiere? Para otras cosas que ha hecho menos importantes no ha necesitado hacer papeleo.
Rosa, indignada, se puso de pie frente a la autoridad con cara desafiante. Él se quedó perplejo al ver la reacción de ella y durante unos segundos su respiración se cortó.
—No sonría, señor, porque me ofende. Dígame, si sabe que este problema existe hace un mes, ¿por qué no ha intentado buscarle solución? Hay personas que ya lo están pasando mal porque tienen necesidad de agua. Y dígame usted, ¿para qué está la autoridad? ¿Acaso he de ser yo la que le diga lo que hay que hacer?
El Alcalde se quedó boquiabierto. No daba crédito a lo que estaba oyendo. No estaba acostumbrado a que le hablasen así, más bien era todo lo contrario.
Al salir de la reunión con la autoridad, Rosa tenía una cita con una docena de hombres para tratar cómo y cuándo abordar y comenzar el proyecto por sí mismos, ya que pocas esperanzas tenían en su dirigente. Algunos de ellos sabían que al día siguiente el alcalde saldría de caza; para eso sí estaba siempre dispuesto, sobre todo para fanfarronear con los que siempre le acompañaban y presumir de los animales que cazaba y de la buena puntería que él creía que tenía, porque hasta para eso era nefasto. De manera que aprovecharon la ocasión para hablar con el pregonero del pueblo para que anunciara ese mismo día a la población lo que tenían previsto hacer. Así la autoridad no podría enviar a los guardias a que detuviesen el pregón.
Al día siguiente el pregonero del pueblo salió con su trompeta anunciando la gran noticia que decía así:
—¡Atención! ¡Atención! ¡Atención! Hoy, a las ocho de la tarde, reunión en la plaza del pueblo para dar una información importante.
A la hora prevista los habitantes del pueblo se presentaron allí. Rosa se subió al escenario. Estaba feliz de poder dar tan buenas noticias y les dijo:
—Queridos paisanos: Quiero deciros que ya conozco las necesidades por las que algunos de vosotros estáis pasando. Quiero ayudaros; mi pozo está lleno de agua y sufro al verme con tanta abundancia mientras que la mayoría de vosotros sufre de una gran escasez. Quiero deciros que mi pozo es grande y profundo y que os lo ofrezco. Sacad lo que necesitéis, es un obsequio. Se construirá una fuente en la puerta de mi casa para que podáis beber del agua de mi pozo y dejéis de padecer la sequía por la que estamos pasando.
También quiero añadir que todos hemos de estar unidos para conseguirlo porque, de lo contrario, tendríamos impedimentos y la cosa se alargaría con las negociaciones, que ya sabéis para qué sirven… Ya nos encargaremos nosotros de pasarle los costes a la autoridad de la ciudad. Es una causa de necesidad. Tenemos la solución y si es necesario, iremos a hablar con el gobernador, aunque creo que no hará falta hacerlo.
La gente del pueblo se emocionó por lo grande que era su corazón y acto seguido uno de los allí presentes habló:
—Gracias por tu bondad que nunca podremos olvidar. Nosotros nos ocuparemos de hacer la fuente sin que tengas que preocuparte de nada, ya que tú pones el tesoro. También queremos pedirte que nos dejes hacerla a nuestra manera ya que pondremos tu nombre en ella como homenaje, para que quede huella. La haremos con forma de rosa, pensando en tu nombre, y Fuentes porque nos dio vida y alegría a nuestro existir y disfrutamos de ella en el día a día.
Ella, orgullosa, aceptó la petición, pensando que los vecinos siempre la recordarían por su acto de generosidad y era la manera que ellos tenían de agradecerle, reconocerle e inmortalizar su gesto.
Todos los hombres del pueblo comenzaron la obra. Trabajaron mucho, de sol a sol, y la fuente quedó hecha en tres días. El alcalde lo sabía, pero no apareció por allí porque se sintió avergonzado por haber puesto tantos impedimentos. Una vez terminada la fuente, Rosa fue hasta casa del alcalde. Él no quería recibirla, pero ella insistió y no se movió de allí hasta que él la recibió y entonces le dijo:
—La obra ya está hecha, sin papeles y sin autorización. Ya ve, cuando un problema urgente surge, hay que actuar sin esperar respuestas de otros que, como usted, niegan la evidencia porque no la padecen y porque están en puestos importantes que deberían ser ocupados por personas que realizasen su trabajo por devoción al prójimo. Todos los de esta villa hemos pensado que usted no nos complace. Váyase lo antes posible. No necesitamos alcaldes como usted.
Escribe tus ideas.
Cuando se es generoso con personas que lo necesitan, la vida te devuelve algo bonito. ¿Crees que Rosa tuvo un regalo con el ejemplo que ella aportó a su pueblo?

No hay comentarios:
Publicar un comentario