—Posición correcta —dijo David.
—Sí, posición correcta —respondió Angi.
En la pantalla aparecieron mensajes desde la Tierra mientras veían cómo los técnicos festejaban con éxito la salida que había tenido la nave. Cuando habían pasado unas horas se les cortó la comunicación y la pantalla comenzó a tener interferencias.
—¡Vaya! Nos quedamos sin conexión —dijo David.
—¿Será momentáneo? —preguntó Angi.
—Quizás estemos cruzando una zona de turbulencias —dijo David.
—David, pero si estamos en calma total.
—Es verdad. No sé qué podrá ser.
Al día siguiente, la nave seguía moviéndose por inercia y las pantallas continuaban sin funcionar. Decidieron trabajar sobre el plan previsto en el caso de que fallara la conexión con la base. Cogieron la carta estelar para hacer cálculos de posición. La ventana por donde miraban era amplia y las vistas espectaculares de nebulosas, estrellas y algunos planetas. Se relajaban confiando en conseguir su propósito: investigar, disfrutar y volver a casa. La Tierra estaba lejos, pero ellos sabían que el pensamiento llega a todas partes.
Ya habían pasado varios días y no se había restaurado la conexión. Comenzaron a inquietarse un poco, pero la experiencia era para ellos tan maravillosa y deseada que en ningún momento se arrepentían de haber llegado hasta allí.
Había pasado ya una semana y seguían sin contacto. Los víveres que tenían eran para diez días, no más. Pasó una quincena, llevaban días sin comer y dormían pocas horas, pero no estaban cansados. Pensaban y meditaban sobre lo que les estaba pasando y se sentían extraños.
—Angi, ¿estás asustada?
—No, estoy…, no sé. Llevamos varios días sin comer y me siento bien. Poco sabemos de donde estamos. Aunque utilizamos la carta estelar, tengo dudas. Acerté trayéndome el reloj que funciona con el pulso. Gracias a él podemos saber los días que llevamos en el espacio y controlar las horas.
—Sí, es verdad. ¿Qué estarán pensando en la Tierra de nosotros? —dijo David.
—Seguramente pensarán que hemos desaparecido y que estamos perdidos.
Al amanecer del día siguiente, la nave hizo un viraje porque entró en otra órbita y les despertó. Enseguida se levantaron a mirar por la ventana para ver qué sucedía, pero exactamente no sabían dónde estaban. Cogieron el mapa estelar y según los datos estaban en la órbita de las Pléyades. La estrella más próxima que tenían era Atlas. La nave se movía a otra velocidad, existía un tipo de energía más limpia, diferente. Tenían más luz y se sintieron eufóricos.
Llegaron a la conclusión de que su estado anímico se debía a que el ambiente era más puro.
—David, pareces más joven, ¿puede ser?
—Pensaba decirte lo mismo, Angi. No sé qué pasa, pero parece algo mágico y seguimos sin conexión.
—Nunca en mi vida tuve tanto tiempo para pensar en mí y en atender mis pensamientos, y menos desde el espacio sideral —dijo Angi.
—Comparto lo que dices —dijo David.
Al día siguiente, vieron un planeta cerca del sol Atlas. Se emocionaron y conmovieron al mismo tiempo. El ordenador se puso en marcha y comenzaron a recibir mensajes, pero no eran de la Tierra. ¿Vendrían quizás de aquel planeta? Cuando los leían se destruían, no los podían guardar. Les comunicaron que dentro de veinticuatro horas estarían en la Tierra y les ayudarían a entrar en la atmósfera terrestre. Además, les dieron una información con varios planos que no podían desvelar. Era un trabajo para ellos que debían introducir poco a poco como descubrimiento científico y así podrían hacer proyectos de aeronaves para viajar al espacio con otro tipo de energía y con una fuerza de propulsión como nunca hubieran podido imaginar. Angi y David no salían de su asombro ante lo que les estaba sucediendo.
—David, ¿qué está ocurriendo? ¿De dónde llegan esos mensajes?
—No sé, Angi. Ni sé por qué se destruyen cuando los hemos leído. Creo que desaparecen por seguridad y para protegernos. Pero estos códigos y planos no sé de qué manera los vamos a descifrar. Quizá en alguno de ellos nos informen de qué se trata.
Además parece que ellos saben lo que estamos hablando y pensando.
—Es posible. —dijo Angi.
En la pantalla dejaron de entrar mensajes y David y Angi se acercaron al ventanal de la nave. Se cogieron de la mano y sin decir una palabra se quedaron mirando al infinito repleto de estrellas y alguna nebulosa. En algunos momentos David apretaba la mano de Angi y, después de repetirlo varias veces, ella apoyó la cabeza en el brazo de David y él con su otro brazo la acercó abrazándola finalmente mientras cerraron los ojos. Ambos se daban cuenta de que sus cuerpos estaban en una plenitud y frecuencia que nunca habían sentido. Parecía que les daba igual donde estuviesen, la hora, el día y qué pasaría. Después de desenlazar sus brazos volvieron a mirar por la ventana y pensaron que tal vez dentro de ellos había nacido otra perspectiva.
Estaban en el aquí y ahora y se sentían unidos con el todo. El resto no existía para ellos.
Habían pasado varias horas y la pantalla dejó de estar en reposo y se iluminó para comenzar a trabajar.
—David, parece que vuelven a enviarnos algo. ¡Mira! La clave del dibujo.
—Sí, es verdad —dijo David.
Les enviaron las instrucciones de lo que debían hacer, cómo y cuándo. No les entregarían ningún documento y así no podrían sabotear el proyecto. Les advirtieron de que no se preocupasen porque les seguirían informando cuando estuvieran en la Tierra, en el momento adecuado. Tenían que hacerlo con mucha discreción para evitar que los contrarios lo bloquearan. Ellos estaban atónitos y entendieron por qué a grandes científicos y descubridores se los habían quitado de en medio cuando intentaron mostrar algo que beneficiaría a la humanidad.
—Si es verdad que estaremos dentro de pocas horas en la Tierra…estoy contento, pero, ¿cómo les vamos a decir lo que hemos vivido? No nos van a creer.
—Además, David, somos más jóvenes que cuando nos fuimos. Llevamos veinte días en el espacio, no estamos desnutridos y tenemos buena movilidad ósea.
Faltaban pocas horas para que los enviaran en dirección a la órbita terrestre y les avisaron de que su aterrizaje sería dentro de la pequeña posibilidad que habían previsto en Cabo Cañaveral y que sería una sorpresa ya que no esperaban verlos vivos y a salvo. Cuando entraron en la órbita terrestre, los ordenadores de seguimiento de la base se conectaron con la nave.
Enseguida el personal de tierra activó todos sus mecanismos. Estaban sorprendidos porque pensaban que la nave había desaparecido. Todo el personal abordó sus puestos de trabajo para dirigir el aterrizaje.
La nave se acercaba a la pista con armonía y los controladores estaban atentos y sorprendidos de lo bien dirigida que bajaba.
Apenas tuvieron que interferir en hacer cálculos y con mucha suavidad tocó el suelo. Angi y David, cuando pisaron tierra, estaban un poco asustados. Los recibieron como héroes. La NASA les dio un trato privilegiado. Ya no podían dudar de sus aptitudes por ser demasiado jóvenes.
Después del aterrizaje y de hacerles la pertinente revisión médica, el personal de seguridad los acompañó al departamento de los superiores y comenzaron a hacerles preguntas.
—Chicos, habéis sido muy valientes, ¡os felicito! Estoy orgulloso de vosotros…, pero, decidme: ¿qué habéis hecho allí arriba?
—Mirar…, pensar y hablar. Estábamos algo preocupados por no tener comunicación.
—Y, ¿qué más?
—Aparte de eso…, nada más.
—Y, ¿habéis pasado miedo? ¿En algún momento habíais pensado que quizá no volveríais?
—Sí, claro, pero antes de salir ya contábamos con eso. Existía la posibilidad de no volver.
—Bien, bien. ¿Cuántos días habéis estado? ¿Lo sabéis?
—No exactamente.
—Y, ¿qué me decís de la comida?
—Apenas teníamos hambre. Comimos muy poco, tal vez fuera a causa de la gravedad.
—Y, ¿no tenéis que decirme algo más?
—No, señor. No se nos ocurre nada más, excepto que ahora nos sentimos cansados.
—Bien. Podéis retiraros a descansar y mañana será otro día. Estaba impaciente por hablar con vosotros porque pensé que quizá traíais algo extraordinario que contar.
La NASA decidió crear un departamento especial para poder trabajar sobre todo lo sucedido en el viaje misterioso. No sabían exactamente qué había sido lo que los mantuvo física y mentalmente en perfecto estado y también más jóvenes.
Ellos discretamente trabajaban día a día, guardando el mayor secreto de su vida: “La ayuda y la información que recibieron de otros seres interestelares para poder volver a la Tierra y desarrollar un proyecto para la evolución de la humanidad y el bien común”.
Escribe tus ideas.
Los sueños a veces son mensajes importantes… ¿Crees que algunos sueños pueden convertirse en realidad?

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